• Editorial

¿Por qué ocultar los casos?



Una pregunta salta a la mente inmediatamente, cuando la sospecha de encubrimiento de los casos de coronavirus en Campeche se vuelve creíble, ¿Que gana el gobierno ocultando los casos?, pareciera que nada, pero mucho.


Uno podría pensar que la crisis es ineludible y libre de culpables, si así fuera, no tendría sentido ocultar la realidad de lo que está pasando, no se ganaría nada y se pondría en riesgo a la población sin razones de peso. Pero no es así.


En efecto, la crisis es ineludible, la enfermedad acabaría llegando a nosotros como al resto del país en algún punto, pero en el caso de Campeche, no es libre de culpables, hubo una decisión que lo cambió todo.


Campeche pudo ser el último estado en entrar en la pandemia a nivel nacional debido al aislamiento económico que lastra a Campeche, a la baja tasa de visitantes mensuales, a la limitada cantidad de vuelos comerciales y a la poca movilidad de nuestra población, a la que la situación económica actual no le permitía viajar, todo ello generaba una barrera virtual a la llegada de los primeros casos "importados" a nuestro estado.


Sin embargo, todo ese "aislamiento económico" que hacía las veces de cerco sanitario se vendría abajo con una decisión, la de realizar un evento deportivo en el que alrededor de mil quinientos atletas de todo México y el mundo participarían en un mismo fin de semana en nuestra ciudad capital, cuando en todo el país ya se estaban cancelando eventos de ese tipo.


El Ironman, se convirtió entonces en una inyección desorbitante de visitantes de prácticamente todas las zonas de riesgo, y por ende, en la puerta de entrada invisible al virus a nuestro estado, que puso en riesgo a nuestros meseros, taxistas y prestadores de servicios que atendieron a todos esos visitantes.


Si lo analizamos detenidamente, si algunos de ellos tuvieron contacto con algún infectado asintomático, probablemente tuvieron alguna "gripa" en aquellos días que pasó desapercibida, pero que de manera imperceptible llevó a las casas y familias de cientos de campechanos un virus que poco a poco se ha ido asomando como la punta del iceberg de los casos que se agravan.


Es allí donde el secretismo y la simulación de datos sirven como mecanismo político de control de la opinión pública, de una ciudadanía que estuvo siempre en contra del evento (la prueba más grande fue que el evento lució completamente vacío). Quizá por ello que era tan importante al principio justificar cada caso nuevo comunicando un origen lejano al evento, eran gente que venía de Villahermosa, Mérida, Estados Unidos. Ninguno de Italia, o Rusia, esos eran "gripas" o "diarreas".


A partir de allí inició una campaña de desprestigio y encubrimiento, desmintiendo oficialmente a medios y periodistas que reflejaban en sus notas la información que de manera anónima personal de salud y seguridad pública filtraba, y que era consecuente con los audios y advertencias que hervían en chats privados de los campechanos preocupados por su salud.


Pareciera que todo tenía un sólo objetivo, alejar el brote "oficial" al menos quince días del infame evento, que podría ponerle a toda la población campechana en contra, sin embargo, sus cálculos no fueron suficientes, ya que recientemente la OMS y el CDC decretaron que el virus puede ser transmitido hasta 21 días después del contagio. La verdad, como siempre, sale a flote y las cuentas ahora ya no les cuadran.


Hoy ya no tiene sentido buscar culpables, hay que ser solidarios como campechanos y todos aquellos que no tengan alguna razón de peso, deberán permanecer en sus casas, y de esta forma evitar que esas dos decisiones que se tomaron desde el gobierno tengan nefastas consecuencias, la primera, hacer el Ironman, y la segunda, ocultar a los campechanos la información provocando que se confíen, que fue quizá peor. No es lo mismo una necedad negligente que una mentira.

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