• Editorial

El cinismo de Alito

Por: Tintorro



El pueblo campechano ha sido tantas veces engañado y decepcionado que, a quién usted le pregunte, le dirá que palabra cínico y la palabra político significan lo mismo.


El término "cínico" se utiliza para caracterizar a esas personas que, haciendo caso omiso de las realidades que les confrontan, las ignoran de modo petulante, altanero, insolente y grosero. Su respuesta a la verdad, es de burla o, peor aún, de indiferencia arrogante.


Sin duda este es el caso del presidente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, quien en días pasados, subió en su cuenta de Twitter un mensaje en el que se solidariza con los periodistas de México, defiende la crítica que estos hacen a los políticos y expresa su rechazo total a los ataques e intimidaciones a quienes ejercen libremente su derecho a opinar.


Lo de Alito es de una desfachatez y un cinismo digno de psicoanálisis, si alguien ha amedrentado a los medios de comunicación y al gremio periodístico ha sido él.

A la manera de cualquier capo o dictador, sus afrentas a la prensa y a quienes osan denunciar sus desmanes son muchas y muy variadas; desde el amago directo, la agresión y la censura, hasta el encarcelamiento.


No deja de sorprender como puede Alejandro Moreno atreverse a publicar un mensaje semejante, después de la infamia que se llevó a cabo en contra del periodista Miguel Villarino, el popular “Bestiómetro”, uno de sus más duros críticos, a quien metieron a la cárcel utilizando argucias legales, sobornos y amenazas; y donde, todos saben, la mano del rey de Lomas del Castillo fue más que patente.


También es vox populi, como a través de la amenaza y la intimidación, gran cantidad de medios locales han estado cambiando de dueño, comprados con dinero robado al erario y a través de oscuros prestanombres. El rey quiere ser dueño de la verdad, de la información y de la conciencia de los campechanos; para esto paga a un ejército de bots, cagatintas, pseudoperiodistas y textoservidores, quienes día con día se encargan de posicionar su imagen y su agenda; atacando furibundos a quienes quieren denunciar sus excesos.


La ruptura con la realidad y la burla de Alito a los ciudadanos son de una comicidad trágica. Sus ataques al gobierno federal se dan en medio de un avasallamiento servil, dentro de ese teatro guiñol llamado PRI, en el que AMLO mueve todos los hilos.


Sus mensajes en pro de la honestidad, el combate a la corrupción y el desarrollo, los hace desde su casa de 46 millones de pesos, una de sus tantas propiedades, en una ciudad que se ahoga en el subdesarrollo, el atraso y la miseria que dejó. Su feudo, hasta la fecha.

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